En Un hijo propio, Maite Alberdi reconstruye el caso de Alejandra, una mujer que, después de sufrir varios abortos espontáneos y enfrentar la presión de su entorno, fingió un embarazo hasta llevar el engaño a consecuencias irreversibles. La película, estrenada en 2026, combina actuaciones, testimonios de personas reales y materiales de archivo para revisar una historia que en su momento provocó un escándalo mediático.
El largometraje sigue a Alejandra, una joven enfermera que desea ser madre y está casada con Arturo, un hombre que también quiere tener un hijo. Luego de nuevas pérdidas, ella decide ocultar la situación a su esposo y simular el crecimiento de un embarazo, mientras construye una ficción cada vez más difícil de sostener.
La trama cambia de dimensión cuando Alejandra conoce a Mayra, una mujer embarazada que enfrenta circunstancias adversas. A partir de ese encuentro, el engaño deja de ser únicamente una representación íntima y se convierte en una cadena de decisiones que termina con la sustracción clandestina de un recién nacido, la intervención policial y la separación de los involucrados.
Una película entre la ficción y el documental
Alberdi evita presentar el caso como un thriller convencional. En lugar de apoyarse únicamente en el suspenso o en la reconstrucción criminal, utiliza recursos de la ficción para introducir al espectador en la percepción alterada de la protagonista y, después, desmontar gradualmente la lógica de ese delirio.
La película incorpora a intérpretes que representan a los protagonistas del caso y, al mismo tiempo, a las personas reales que reflexionan sobre lo ocurrido años después. Esa combinación produce una tensión constante entre lo que se dramatiza y lo que se recuerda, sin separar por completo ambas dimensiones.
El contraste visual también resulta central. Los colores pastel, los videos caseros y una puesta en escena cercana al universo infantil conviven con momentos de inquietud y con la violencia de las consecuencias legales y familiares. La apariencia luminosa de la primera parte termina revelando el carácter perturbador de la historia.
La presión social detrás del engaño
Más que explicar el caso desde una sola causa, Un hijo propio observa las presiones que rodean la maternidad: el deseo personal, las expectativas familiares, la relación de pareja y la idea de que una mujer debe demostrar su realización a través de la crianza.
La película no justifica las decisiones de Alejandra ni minimiza el daño provocado. Sin embargo, evita reducirla a una figura monstruosa y examina el proceso que la lleva a sostener una mentira cada vez más compleja. Esa mirada permite abordar el caso desde la responsabilidad, pero también desde la fragilidad emocional y el aislamiento.
El resultado es una obra incómoda que utiliza un caso criminal para cuestionar los mandatos sociales, los límites de la representación y la manera en que los medios convierten una tragedia familiar en espectáculo. Alberdi propone observar no solo lo que ocurrió, sino también las condiciones que hicieron posible que el engaño avanzara durante tanto tiempo.
Con su mezcla de reconstrucción, testimonios y elementos de ficción, Un hijo propio se aparta del true crime tradicional y construye una reflexión sobre la maternidad, la identidad y las consecuencias de vivir dentro de una realidad inventada.

