El Maratón de la Ciudad de México 2026 concluyó con saldo blanco y sin decesos entre los 30 mil competidores que recorrieron los 42.195 kilómetros desde las inmediaciones del Estadio Olímpico Universitario hasta el Zócalo capitalino, en una jornada marcada tanto por la competencia de élite como por la perseverancia de quienes llegaron después de seis horas.
Mientras los primeros corredores disputaban los sitios de honor, otros participantes enfrentaban una prueba distinta: mantener el paso pese al calor del mediodía, los calambres y el agotamiento físico. Para ellos, cruzar la meta representó el cumplimiento de un objetivo personal más que la búsqueda de una marca.
José Garnica, quien completó su séptimo maratón, describió la llegada como un momento de alivio después del esfuerzo. La presencia de familiares, amistades y personas que alentaron a los corredores a lo largo del recorrido fue uno de los elementos que impulsó a quienes comenzaron a quedarse rezagados.
“Es imposible que no te emociones con la porra en el camino, tus seres queridos que no están, y un esfuerzo sobrehumano por demostrar de lo que eres capaz. Cruzar la meta te da alivio, paz, después de una extensa agonía”.
En los últimos lugares ya no estaban en disputa las medallas destinadas a los ganadores, pero sí quedaban por superar piernas exhaustas, vómito y espasmos musculares. El trayecto hacia el Centro Histórico se convirtió para esos corredores en una lucha individual contra el cansancio y la posibilidad de detenerse.
Javier Cortés, quien llegó al Zócalo pese a los calambres, destacó la exigencia física y psicológica de la prueba. Su experiencia reflejó la de varios participantes que, sin aspirar a competir con los atletas de alto rendimiento, asumieron la distancia como un desafío de resistencia y voluntad.
“Un maratón es de respeto, algo grande, incluso te puede costar la vida. Es muy demandante física y sicológicamente, hay que admirar a quienes lo terminan, pues aunque concluyas al último, el esfuerzo es el mismo”.
La carrera comenzó antes de las 6 de la mañana con la salida de los distintos bloques de participantes. En Ciudad Universitaria, los debutantes aguardaban el inicio sin dimensionar por completo la exigencia de la distancia, mientras los corredores experimentados se preparaban para enfrentar nuevamente el desgaste de una ruta que atraviesa distintos puntos de la capital.
Cerca de la Glorieta de los Insurgentes, la competencia mostró dos caras de la misma mañana: corredores que mantenían el ritmo con la mirada puesta en el Zócalo y personas que comenzaban el día después de una noche de fiesta. Al final, todos compartieron el mismo recorrido y la misma meta, aunque con tiempos y objetivos diferentes.
La edición 2026 del maratón dejó así una imagen que va más allá de los podios: la de quienes terminan cuando la mayoría ya se retiró, sostenidos por el ánimo del público y por la decisión de completar una distancia que exige tanto preparación como fortaleza mental.

