Skip to main content Scroll Top
19th Ave New York, NY 95822, USA

Brenda Ríos retrata un Acapulco marcado por la desigualdad, la violencia y el abandono

Acapulco aparece en la obra de Brenda Ríos como un puerto de contrastes: turístico y cotidiano, luminoso y violento, cercano al paraíso en las postales, pero atravesado por la desigualdad y el abandono para buena parte de sus habitantes.

La escritora acapulqueña aborda estas tensiones en Sweet Acapulco. Crónicas y divagaciones del último paraíso en la tierra, publicado por Debate en 2026. El libro reúne relatos y observaciones sobre la ciudad donde nació y pasó su infancia, así como sobre las transformaciones sociales que han marcado al puerto.

Un paraíso construido para visitantes

Ríos sostiene que el desarrollo turístico de Acapulco benefició principalmente a sectores privilegiados y dejó a muchas familias locales en condiciones precarias. Mientras las zonas exclusivas concentraron mansiones, comercios y servicios dirigidos a visitantes con mayor poder adquisitivo, la población trabajadora continuó dependiendo del comercio informal, el transporte, las propinas y los empleos vinculados al turismo.

Desde su memoria de infancia, la autora recuerda la llegada de turistas de la Ciudad de México y del Estado de México que ahorraban durante meses para conocer el mar. Esa experiencia le permitió observar que la basura y la saturación de las playas también formaban parte de un relato de clase: para muchas familias, Acapulco representaba la posibilidad de acceder por primera vez a un destino turístico.

La escritora también cuestiona que algunas viviendas de interés social construidas cerca de la costa no permitan a sus habitantes disfrutar de la brisa o del paisaje marino. En su lectura, esa contradicción refleja cómo el puerto puede estar físicamente cerca del mar y, al mismo tiempo, mantenerlo fuera del alcance cotidiano de quienes viven en sus periferias.

La vida cotidiana bajo presión

El libro aborda además la precariedad económica, la extorsión y el impacto de la violencia organizada. Ríos describe una ciudad donde taxistas, transportistas, meseros y comerciantes dependen de ingresos diarios o de temporadas vacacionales para sostenerse durante el resto del año.

En ese contexto, la autora señala que el cierre o incendio de negocios modifica la vida comunitaria y desalienta la apertura de nuevos establecimientos. También describe una reducción de la actividad en espacios públicos y una sensación de inseguridad que limita la movilidad durante la noche, especialmente en la zona tradicional del puerto.

A la violencia se suman problemas de servicios públicos, daños provocados por fenómenos naturales y una percepción de falta de gobernabilidad. Para Ríos, la combinación de extorsión, deterioro urbano y precariedad ha transformado la relación de los habitantes con su propia ciudad.

La crónica como testimonio del puerto

Sweet Acapulco surgió de textos dispersos y postales que la autora comenzó a escribir para explicar una ciudad distinta a la imagen turística más difundida. Su mirada combina recuerdos personales, escenas de la vida diaria y reflexiones sobre la desigualdad que atraviesa a los destinos considerados paraísos.

Ríos defiende la posibilidad de narrar Acapulco desde la experiencia concreta de sus calles, playas, comercios y habitantes. En su propuesta, la crónica permite completar las noticias con detalles de la vida cotidiana: los lugares que permanecen vacíos por la noche, los trabajadores que viven de las propinas y las familias que enfrentan de manera directa el deterioro del puerto.

La obra presenta así un Acapulco alejado de la postal idealizada: un territorio de memoria, humor y pertenencia, pero también de desigualdad, violencia y pérdidas. Su importancia radica en mostrar que el esplendor turístico de la ciudad no puede separarse de las condiciones en que viven las personas que la mantienen en funcionamiento.