Un grupo de 117 campesinos de municipios de la Montaña Alta y Baja de Guerrero partió el martes 4 de agosto de 2026 desde Tlapa de Comonfort rumbo a Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas, Michoacán, San Luis Potosí y Sonora, donde trabajará durante los próximos seis meses como jornalero agrícola.
Entre las personas que migraron se encuentran 51 niños y adolescentes. La salida ocurre ante la falta de apoyos de los gobiernos federal y locales, así como de oportunidades laborales suficientes en las comunidades de origen.
Además de las condiciones de precariedad laboral, las familias jornaleras enfrentan posibles actos de discriminación y extorsiones de grupos criminales que operan en algunas regiones agrícolas del norte del país. Estos riesgos se suman a la separación temporal de sus comunidades y a las dificultades para garantizar el acceso de niñas, niños y adolescentes a servicios básicos.
La migración jornalera continúa desde la Montaña
La salida de agosto forma parte de un flujo recurrente de familias indígenas y campesinas de Guerrero hacia los campos agrícolas de otras entidades. En junio, otro grupo de 88 personas salió de Tlapa hacia Chihuahua, San Luis Potosí y Zacatecas para participar en labores de corte de chile, jitomate, cebolla y limpieza de plantaciones de algodón.
La movilidad responde a la necesidad de obtener ingresos durante los ciclos agrícolas, pero también expone a las familias a empleos informales, bajos ingresos y condiciones que pueden dificultar la protección de sus derechos laborales. La presencia de menores de edad incrementa la necesidad de vigilancia y atención institucional durante el traslado y la estancia en los campos.
Las familias permanecerán aproximadamente seis meses fuera de Guerrero, periodo que coincide con las temporadas de trabajo agrícola en los estados de destino. La situación vuelve a poner en el centro la necesidad de políticas de apoyo para las comunidades expulsoras y de mayores medidas de protección para quienes migran como jornaleros.

